domingo, 21 de febrero de 2016

Las compañeras de habitación


Esta es la primera noche de mi vida en la que pasaré sola en un hospital, en Ecuador siempre he estado acompañada de alguien  de mi familia y aquí en Roma he tenido 2 maravillosas compañeras de habitación que han cuidado de mi todo este tiempo, pero hoy estoy sola y se siente un poco extraño. 
Antonella, mi primera compañera de habitación representó un círculo totalmente nuevo de conocimiento para mi. Ella fue la primera persona que pude observar desde muy cerca estar enferma; ella no tiene mi misma enfermedad, pero al final de todo, estamos bajo una misma categoría: Ambas tenemos cáncer. Recuerdo que en una ocasión, se despertó en medio de la noche, la taquicardia y la presión en el pecho eran síntomas nuevos para ella. Se notaba asustada y débil. He sentido lo mismo que ella en algún momento de mi vida, pero ver la expresión de miedo en otra persona es distinto. Sabía exactamente como se sentía pero no podía hacer nada.  Doctores y enfermeros vinieron a tranquilizarla. Tomó un calmante y durmió tranquila, mas a mi se me cortó el sueño, estaba en shock. Antonella y yo hablábamos de la vida, en mi italiano rasgado ella me entendía.  Me gustaba tenerla de compañera de habitación, siempre traté de darle fuerza para que soporte esta larga y dura aventura que apenas está iniciando, espero que mis palabras le hayan llegado de alguna forma y que ella esté tranquila de ahora en adelante. Quiero que ella se recupere y que vea crecer a sus pequeños hijos a los que ama tanto, quiero que envejezca junto a Alessandro, su único y verdadero amor, como ella lo llamó una vez. Quiero para ella una vida larga y feliz. 
Cuando Antonella se fue a casa, me trajeron una nueva compañera de habitación. En ese día casualmente estaba bajo los efectos del antidolorifico y cuando ella llegó le dije que ella había sido mi medicina, que su presencia me había quitado el dolor. Daniela, wow, no sé cómo describir a Daniela. Ella es una fuerza de la naturaleza propiamente, una mujer que no sólo es bella por fuera, también lo es por dentro, alguien con quien disfrutas cada momento y si no está, te hace falta. Te vuelves adicto a su compañía, a sus bromas y a su locura. He jugado, cantado, bromeado, aprendido nuevas palabras junto a ella y ni que se diga cuanto he reído. Incluso han dicho que nuestra habitación es el manicomio del tercer piso jajaja. Eramos las más ruidosas de este piso, cada vez que un enfermero entraba gritabamos “BUON GIORNOOOOO”, cada mañana abría las cortinas y decía “BUON GIORNO MONDO”, cada noche al cerrarlas decía “BUONA NOTTE”, pusieron demasiada locura en un solo lugar. La energía que desborda de ella te contagia, quieres estar feliz porque ella está feliz. Siempre positiva, siempre paciente, siempre alegre. Como yo, ella ha aceptado que esto es solo una etapa que debemos superar, una pequeña pausa en nuestras vidas. Daniela es mi medicina y yo soy su marmota (sobrenombre que me gané porque cuando me conoció estaba muy drogada por el dolor y pasaba durmiendo noche y día)
Mamma Daniela me cuidó todas las noches que estuve mal, comencé la inmunoterapia el lunes 15 de febrero y debo decir que me hizo pedazos. Siempre en las noches comenzaban los peores síntomas y ella estaba ahí pendiente de mi, cambiandome la toalla con agua fresca para descender la fiebre, preguntando siempre como estoy, ayudándome a ir al baño porque estaba muy debil para levantarme sola. Creo que no durmió bien 3 noches por mi culpa. Son esas grandes cosas las que hacen a las personas importantes para ti, que hacen que se queden en tu corazón para siempre. Estoy feliz porque ella está en casa con sus hijas y su nieta pero también estoy triste porque no está conmigo y me hace mucha falta. 
No me voy a cansar de decir que soy demasiado bendecida por todas las personas que aparecen en mi vida porque la llenan de alegría un poco más. Estoy segura que Daniela está frustrada porque no entiende un carajo de lo que he escrito pero sé que hará que Francesca (su hija) se lo traduzca. Ti voglio un mondo Daniela! <3 
Ps: Desde que se fue Daniela, cada mañana al despertar digo en mi mente "Buongiorno mondo" 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Reviví... una vez más

Hoy, después de 10 días de constante dolor, por fin me he podido levantar de la cama y he cogido un poco de fuerzas para escribir. Pensé que este ciclo de quimioterapia sería igual a todos los ciclos que he hecho previamente, pero como siempre, me equivoqué. Una semana después de haber recibido mi dosis de quimioterapia empecé a sentir algunos estragos: dolores de cabeza intensos, la mucosa de la boca se empezó a irritar provocándome dolor al comer y no podía faltar mi mejor amiga: la fiebre. Cabe recalcar que recibí este ciclo de quimioterapia porque cuando llegué aquí, en los exámenes que me realizaron los resultados no fueron muy halagadores. El porcentaje de enfermedad había aumentado y yo no entraba en el rango para poder recibir la inmunoterapia por la que vine. Al principio fue duro saber que no podía iniciar el tratamiento como ya lo había imaginado en mi cabeza, pero le dije al doctor “¿Qué puedo hacer? Empecemos con las quimioterapias entonces” Y le sonreí. Él dijo “Tu sei una ragazza forte”. 
Continuando, aguanté todo esto porque sabía que en un par de días se quitaría, pero no fue así. Me administraban un antiespasmódico para parar las contracciones de mis intestinos que era lo que me provocaba el dolor mas el efecto duraba menos de 2 horas y la medicación solo podía ser administrada cada 8 horas, así que lidiaba con esto la mayor parte del tiempo, día y noche, no dormí durante 4 noches. Cuando me hicieron la ecografía, el doctor dispuso que no debía comer para así dejar que mi sistema digestivo se recupere de la irritación e inflamación. Dejé de comer, ni siquiera tomaba agua y me tenían con alimentación vía parental. La desesperación de no poder comer nada era grande. ¿Dios mío cuántos días tendré que estar así?, fueron 4 días de ayuno. Mi mamá decía “Ofrece este ayuno a Dios por todas las personas en la calle que no tienen que comer” y lo hice, ofrecí mi dolor para que otras personas no lo sintieran también. No sé si en verdad funcione, quisiera creer que sí. Quisiera creer que Dios dice “Mira ella está muriendo de hambre y con mucho dolor y me lo acaba de ofrecer, vamos a quitarle el dolor a este niño de aquí y a alguno otro de por allá” no lo sé. Seis días de aguantar dolor, se terminaron cuando el doctor dijo “No es justo que estés aguantando tanto dolor si estas en el hospital, vamos a empezar con una infusión continua de Contramal” (un antidolorífico). Estuve prácticamente sedada durante cuatro días más, en total estuve mal 10 días. Como una vez me dijo mi hermana Ana “Hold on, pain ends: Aguanta el dolor es temporal, pronto todo será solo un recuerdo” y así fue, después de 10 largos días me recuperé. No me importa más haber aguantado tanto dolor, no importa nada, lo único que importa es que ahora estoy bien, que mi cuerpo se está recuperando lentamente y que me siento bien.
Mi experiencia en este hospital ha sido maravillosa, las personas que trabajan en el reparto de hematología son tan amables, divertidas, sensibles y simpáticas. Desde los que trabajan en la limpieza, enfermeros, doctores, mi profesora de italiano y las dos mujeres que hasta ahora han sido mis compañeras de habitación han hecho que mi estadía aquí sea linda, que no sienta esa ansiedad que me ataca cuando llevo mucho tiempo en el hospital. Mi mamá no puede estar todo el tiempo conmigo porque hay horarios de visitas que se deben cumplir, pero no me siento sola, estoy bien acompañada de personas que me hacen sentir importante y amada. Que bello sentimiento ese de saber que alguien piensa en ti, que a alguien le gusta estar contigo y hablar. Vienen a jugar, a reír y a hablar un poco en mi habitación. En mi italiano cortado me entienden y nos divertimos mucho. La profesora de italiano me ha incentivado a empezar un proyecto de fotografía aquí en el hospital, lo único que diré por ahora es que está quedando bastante bien y estoy emocionada por esto. Aquí siento que no desperdicio mi tiempo, es verdad, llevo casi 1 mes encerrada en la misma habitación, pero no se imaginan todas las cosas que he hecho, todos los recuerdos que me llevaré conmigo cuando salga de aquí, me pongo triste de saber que pronto tendré que irme. Como estudiante de medicina siempre lo he dicho y lo repetiré hasta que me muera: La relación médico-paciente es muy importante, no se imaginan cuanto te sana el alma una sonrisa, un beso volado, un baile o una canción. Los doctores Alessandra, Serena, Federico y Minotti son eso para mí, un poco más de medicina, la medicina que me levanta el alma con dulzura y mimos.



Las doctoras Serena y Alessandra :D

El Dr. Federico

La Dra. Minotti 

lunes, 18 de enero de 2016

Tanti auguri a me

Hoy 18 de enero cumplo 21 años de edad. Recuerdo que el año pasado le decía a un amigo: "Estoy segura de que cuando cumpla 21 todo será distinto y podremos ir a tomar unos tragos juntos en una taberna irlandesa", pensé que para este punto de mi vida yo estaría totalmente curada y que porfn habría dejado atrás a la leucemia, pero ya ven como funciona el mundo. Al principio sentí que había vuelto al punto de partida y que mi vida estaba perdida. Sentí que los valiosos años de mi juventud estaban siendo desperdiciados en una cama de hospital. ¿Por qué yo? ¿Por qué tengo que pasar por esta mierda otra vez? ¿Por qué otras personas pueden vivir una vida normal mientras yo estoy encerrada en un hospital sintiendome del asco? pero como lo he venido repitiendo en la mayoría de mis post, la amargura, la depresión y la negación no solucionan nada. Por más veces que reniegue de mi enfermedad, ella no se va a resentir conmigo y se irá de mi. Así que opté por aceptar que esta es mi vida. Sé que tendré mi final feliz y con esto quiero decir que ya he aceptado cualquiera que este sea. He podido venir acá para buscar una cura a mi enfermedad y si la hallo a esto le llamaré final feliz mas si no la encuentro y mi vida termina así, también será un final feliz porque he vivido una vida plena, rodeada de personas que me aman, además que creo que logrado darle un sentido a mi vida con este blog. He recibido mensajes de personas diciendo que se sienten identificadas conmigo o que su perspectiva sobre la vida ha cambiado gracias a lo que he escrito.  
El día casi ha terminado en Roma porque tiene 6 horas más que en Ecuador, y ha sido lindo. Los doctores y los enfermeros han sido muy amables, me han cantado el "Tanti auguri a te" que es la versión italiana del cumpleaños feliz. Mi mamá y Mercedes me han traído una torta con velas solo para tomarnos un par de fotos. En Ecuador mi familia hizo una misa de acción de gracias el día sábado por mi cumpleaños y ayer se han reunido para darme una sorpresa. En lo que pensé que sería una videollamada con mi hermana, terminó siendo una reunión familiar a la distancia. Todos estaban ahí: tíos, tías, primos y primas. Me sentí tan feliz que incluso lloré un poco. Que bello eso de llorar de felicidad. 
Mi plan inicial en Roma era pasar mi cumpleaños en el Coliseo Romano, con un cupcake y una cámara, pero al ser ingresada desde el viernes mis planes tuvieron que cambiar. Ya tendré mi momento para ir al coliseo, y para explorar Roma. Antonella es mi compañera de cuarto, una italiana muy dulce que ha empezado su tratamiento contra el linfoma no Hodking que tiene. Estoy agradecida de que ella esté aquí porque así no me siento sola. Aquí no es como en Ecuador, hay un horario de visitas y mi mamá solo puede venir de 12 a 2 PM y de 5 a 7 PM. En mi medio italiano nos comunicamos, trato de darle apoyo y un poco de esperanza para que esté tranquila. No importa donde esté o si tengo a las personas que quiero cerca o lejos, lo importante es que todas ellas se han hecho presentes de alguna u otra forma dandome compañía y apoyo. Por eso puedo decir con una sonrisa "Feliz Cumpleaños a mi" :)     
   

martes, 12 de enero de 2016

El tiempo de Dios es perfecto

He estado pensando mucho, mucho en verdad. He tratado de entender  como las personas pueden tener tanta fe en Dios, en como pueden estar seguros de que existe algo más allá, algo que guía nuestras vidas. Y a lo largo de esta nueva etapa de mi vida en la que recaí, pasé mucho tiempo enojada, frustrada y resentida con Dios porque sentía que Él había sido injusto conmigo. Siempre sentí que no merecía pasar por lo que he tenido que pasar en estos últimos 5 meses. Luego, me di cuenta de que no sirve de nada tanta amargura, sentirme así no cambiaría nada. 
Tener cáncer o alguna enfermedad "catastrófica", como sé que les llaman, no se trata de merecer o no merecer, simplemente es lo que nos toca vivir por algún error de fábrica de nuestros cuerpos jaja, pero es algo de lo que podemos sacar cosas positivas y enseñanzas. Después de tantos años enferma hay algo que aprendí bien y es que las situaciones difíciles son una hermosa oportunidad para ir por un camino que no nos habíamos imaginado antes. Y es así como ahora vivo mi vida, buscándole un sentido a todo lo que pasa en ella, tratando de mantenerme positiva en todo momento, ya que a pesar de que es dificil al principio sé que al final todo saldrá bien. Creo fervientemente en que cada cosa que pasa en nuestras vidas tiene una razón de ser, tal vez no lo veamos instantáneamente pero llega un momento en el que nos diremos a nosotros mismos "Así que esta es la razón por la que todo aquello sucedió". 
Después de un par de meses de dejar de lado todo aquello que involucraba a Dios, acepté la visita de un sacerdote que quería hablar conmigo, el Padre Freddy. Al principio estaba enojada de saber que iría, pero acepté. Le dije que sabía que estaba ahí para tratar de que yo recupere mi fe, le dije exactamente como me sentía y sobre aquel sentimiento de frustración y enojo que me invadía. Él solo me escuchó mientras yo seguía hablando y llorando. De toda aquella conversación lo recuerdo a él diciéndome "Entiendo tu sentimiento de abandono, es absolutamente normal. Incluso Jesucristo en su forma humana sintió que Dios lo había abandonado y dijo "Dios mío, ¿por qué me has abandonado"" Sus palabras me llegaron de verdad, sentí que al fin alguien entendió como me sentía y no estaba juzgándome. Me confesé y comulgué, me sentí mucho más tranquila y en paz, sentí que había hecho las paces con Dios porque todos esos sentimientos negativos se habían desvanecido. Acepté lo positivo de tener una recaída, y toda esa madurez mental que trajo consigo. 
Quisiera agradecer a todas aquellas personas que han estado rezando por mi porque Dios las ha escuchado. Cada persona que aparece en mi vida o en la vida de mi familia viene con un regalo maravilloso para mi, alguna palabra de aliento o ayuda absolutamente necesaria. Nunca creí que yo diría algo así pero "El tiempo de Dios es perfecto" y las cosas se dan tal y como deben darse gracias a que Él ilumina el camino que debemos seguir y pone a las personas correctas en las que nos debemos apoyar. Estoy a unos días de irme a Roma para emprender una nueva jornada de tratamientos, que espero sea la cura definitiva para mi enfermedad. Y aunque algunas cosas han sido difíciles por el papeleo y todas las gestiones que involucra un tratamiento en el exterior, gracias a Dios he encontrado a todas estas personas que me abren camino para llegar a mi destino.
Han pasado un par de semanas y ya estoy en Roma, he visitado un poco la ciudad que por cierto es hermosa, pero sigo luchando para comunicarme no entiendo un carajo de lo que hablan jajaj, mentira entiendo un poquito pero no puedo hablar, se me mezclan los idiomas. He ido al hospital para comenzar con los chequeos previos al tratamiento. La familia que me ha recibido en Roma es muy amable y buena. Se preocupan por nosotros y nos ayudan muchísimo, sin ellos estaríamos perdidas en una ciudad completamente desconocida con un idioma que aun no manejo, pero gracias a Dios podemos apoyarnos en ellos por ahora. Los doctores son muy amables conmigo e incluso me han dicho "Tu sei bella" jajaj.
Al terminar todo esto sé que de una u otra forma tendré mi final feliz.
"Mantenga su rostro al sol y no verá la sombra. Es lo que hacen los girasoles." - Hellen Keller

sábado, 21 de noviembre de 2015

Las siete plagas

En cada ingreso espero lo mismo: entrar al hospital, hacer mis quimioterapias, bajar mis células a cero, esperar a que salgan otra vez e irme a mi casa. Todo eso en un periodo de 21-30 días. Nunca sucede así. 
Siempre les digo a las enfermeras que no entiendo por qué me pasan todas estas cosas, ellas dicen que soy la mejor paciente y que colaboro bien y que conmigo las cosas son más fáciles, a pesar de mi buen comportamiento siempre debe pasar algo y este ingreso no fue la excepción.
Todo iba perfecto, yo estaba en la etapa en la que mis defensas estaban en 0 (neutropénica) y solo tenía que esperar unos días más hasta recuperarme e irme a casa. Me dio fiebre una madrugada, llamamos al médico residente y siguieron el protocolo para saber qué estaba causando la fiebre pero no pudieron contactar a mi médico tratante en ese momento, usualmente los antibióticos se ponen una vez que se toman las muestras pero como no contactaron a mi médico para que lo autorizara, el médico residente no quiso tomar la responsabilidad y dijo que no podía hacer nada hasta recibir una orden. Pasaron 7 horas hasta que me colocaron los antibióticos a la mañana siguiente. El punto es, que me di cuenta que debido al miedo a las nuevas leyes impuestas no me quisieron atender  por miedo a tomar una responsabilidad. Yo no sé mucho de medicina y tampoco sé de leyes pero lo que si sé es que un paciente que no tiene células blancas para defenderse por sí mismo, si presenta fiebre debe recibir antibióticos en ese momento y creo que un médico residente tiene suficiente conocimiento para saber cuales son los que podría administrar. No culpo a nadie, solo al sistema que está haciendo que profesionales tengan miedo de actuar solo porque no tienen "autorización".
A las 11 de la mañana me pusieron el medicamento para la fiebre y minutos después empecé a hacer una bacteriemia, fue el episodio más horrible y fuerte que haya tenido en toda mi vida. Los escalofríos hacían que me temblara todo el cuerpo mientras que mis piernas y manos estaban contraídos, me tiritaba la boca y la fiebre no cedía, sentía mucho dolor en la espalda y no podía levantarme, se me bajó la presión y tenía taquicardia. Me sentía a morir. Me decía a mi misma que podía resistir pero estaba muy asustada. Empecé a llorar, no sabía que hacer, el tiempo se me hacía eterno, no podía pensar en nada y no podía dejar de repetir "Por favor, por favor, ya no más, para". Sandra y mi mamá estaban conmigo. No podían administrarme más medicación para la fiebre así que yo debía resistir sola. Siempre he pensado que las mamás tienen un sexto sentido para lo que es mejor para sus hijos, no importa qué, ellas encuentran la forma de hacer que se sientan mejor, mi mamá calentó agua en el microondas y quemándose los dedos puso el agua en una pequeña tina, metí los pies ahí y los escalofríos empezaron a parar. Tuve un poco de fuerzas para levantarme del mueble e ir hacia la cama pero cuando intenté pararme sentí que iba a desmayarme, estaba exhausta. En la cama, mi mamá puso agua caliente en unos guantes y los puso en mis pies para que los escalofríos no volvieran, se sentía tan bien, aunque la fiebre no bajaba aún. Me quedé varias veces dormida, sentía que habían pasado horas pero solo era un par de minutos. Mientras estaba con escalofríos pensaba en que las cosas se podían poner realmente malas para mí si la fiebre no bajaba, estaba en shock séptico y tenía miedo, ya me imaginada en la sala de cuidados intensivos. Cuando pararon, sabia que volverían en un par de horas y mientras más pasaba el tiempo, más miedo tenía. Cuando la temperatura empezaba a subir yo rogaba que no volvieran, y no lo hicieron. Recibí antibióticos y la fiebre  paró. 
A los tres días de estar en tratamiento para la infección, mi medico dijo que mis células ya habían salido pero que no podía ir a casa hasta terminar el protocolo de antibióticos (4 días más) ¡qué frustración! Si esa bacteria de porquería no me hubiera atacado yo ya habría estado en casa, Ugh. Constantemente me decía "Está bien Carolina, cuatro días más, ¿Qué son cuatro días?". Me sentía bastante normal, estaba esperando cumplir el protocolo cuando una noche al acostarme sentí una presión en el pecho que no me dejaba respirar profundamente, pensé que tal vez era algún efecto secundario de todos los antibióticos que recibía, la siguiente noche pasó igual. En la tarde mis amigos Eduardo y Jorge fueron a visitarme y jugamos toda la tarde, en la noche sentí mi abdomen raro y me dolía. Llamé a la médico residente para que me examinara y dijo que lo tenía distendido, le dije que sentía que me faltaba el aire y sobre aquella presión que sentía al acostarme las noches anteriores, me auscultó y verificó mi saturación de oxígeno dijo "Tu saturación es normal y estas ventilando bien, no te pasa nada" tomé unas pastillas y mi querida hermana tuvo que hacer un viaje desde mi casa al hospital llevándome agua de orégano. Sentía que mi vientre explotaría, la presión en mi pecho ya no era solo al acostarme sino que aparecía al estar sentada también. Intenté dormir pero no lo logré, pensé que si tal vez ponía la cama en una posición donde mi cuerpo estuviera como en una silla y un par de almohadas lograría dormir un poco, funcionó un par de veces. Cuando me levantaba al baño, debía quedarme sentada al borde de la cama un momento porque los movimientos bruscos hacían que me ahogara y empezara a toser. Mi mamá avisó a mi médico y ella llegó temprano en la mañana a revisarme. Me hicieron unos Rayos X para ver mis pulmones, y cuando estaba esperando a la persona que me iba a regresar a la habitación vi una placa de rayos X en un monitor, ahí habían sombras negras que pintaban ambos pulmones, me dije a mi misma "Dios, esa persona sí que está bien jodida" luego reaccioné y dije "¡Mierda, no puede ser! Eso no puede ser mío... Señorita, disculpe... ¿Esa placa es mía?" -"Sí, señorita" solo con ese pequeño vistazo, yo sabia que estaba más que fregada. 
Mis ilusiones de salir de alta se rompieron, sabía que no estaba en una buena condición y que tal vez tendría que estar como poquito dos semanas más. Me pusieron oxígeno para poder respirar y recibía terapia respiratoria también. Me diagnosticaron neumonía bacteriana, mis pulmones estaban llenos hasta la mitad de agua porque había sufrido derrames plurales. Mi abdomen empezó a disminuir de tamaño. Levantarme bruscamente de la cama hacía que me faltara el aire, era desesperante. Una vez más me sentí frustrada, no terminaba de salir de una para entrar en otra, pasé los días mejorando poco a poco. Hacía ejercicios de respiración todos los días, cada dos horas durante diez minutos. A los seis días me dieron el alta, mi recuperación fue mucho más rápida de lo que se esperaba. Estar en casa es lo más cercano a libertad que tengo y me encanta. 
No había hecho la publicación antes porque me costó un poco escribirla, de verdad tuve un mal rato, nunca antes me había sentido tan asustada de que mi condición empeorara. Ya había sobrevivido a eso así que no quería hablar más del tema. Estuve 2 semanas en mi casa pero he vuelto al hospital para retomar mi tratamiento, estoy tranquila... Una vez más espero que nada malo pase y pueda irme a casa en el menor tiempo posible, ya veremos que tal me va. 

martes, 15 de septiembre de 2015

El encierro

Sigo en el hospital, y está bien. O sea no está bien, la verdad anhelo acostarme en mi propia cama y poder dormir la noche entera sin ser despertada cada vez que vienen a ponerme medicina o cada vez que a la bendita máquina se le ocurre pitar. Quisiera poder caminar en paz sin tener que arrastrar el tubo de los sueros por todos lados. Quisiera mi vida de vuelta...
Durante los días que he estado aquí, me dio una infección. Estoy neutropénica, así que mis defensas literalmente están en 0. No puedo contra las bacterias yo sola, y lo que más me asusta son las infecciones. Estoy un poco traumatizada por las experiencias anteriores y cada vez que tengo fiebre me dan especies de ataques de pánico y lloro mucho porque sé lo que me va a suceder, pero mi mamá me calma. 
Era domingo en la noche y mi prima Mishelle me estaba acompañando, llegaron a tomarme los signos y la enfermera dijo "38.1 C" y yo grité "¿QUÉ?" No me sentía caliente ni nada pero avisé a mi médico y a mi mamá por teléfono. Ahí es cuando todo el drama que traen las infecciones comenzó... No sé si fue psicológico pero empecé a sentir la temperatura y los escalofríos. Debían poli-cultivarme porque necesitaban saber qué bacteria era y dónde estaba, entonces llegó la licenciada y tomó las muestra de sangre que en ese estado duele el doble. Luego, dijeron que deben quitarme el catéter central y el catéter periférico que tenía para que me transfundan sangre y plaquetas, pero antes tenían que pasar un poco de agua y el dolor que se siente cuando está tapado y mandan agua, es horrible. No puedo evitar gritar. Finalmente, deben ponerme una vía nueva para pasar los antibióticos, *Dios, déjenme respirar un poco al menos*, las licenciadas siempre tienen problemas con canalizarme, mis venas son muy finas y pequeñas, es un doloroso logro ponerme un suero, pasaron 20 minutos buscando en la mano izquierda porque en la derecha estaba la vía anterior y estaba sensible todavía. No había venas buenas. Le dije a la licenciada que buscara en la derecha y me dijo "Pero mamita, ¿no te duele?" Yo respondí "Me duele muchísimo pero no hay de otra". Me amarró el guante y yo sentía que la vena donde me habían quitado el catéter iba a explotar, movía mi mano para todos lados, le daba palmadas para buscar una vena y yo solo respiraba profundo, trataba de concentrarme en otra cosa que no fuera el dolor. Solo repetía en mi mente *por favor, por favor que la encuentre* hasta que dijo que encontró una, me pinchó y fue un éxito. Todas exhalamos aliviadas. He notado que aquí las licenciadas antes de pincharme rezan en voz baja. Ninguna ha fallado. 
A los 26 días he sido liberada. Sí, llevo la cuenta. Estaba tan emocionada que a cada enfermera que entraba a mi habitación le decía "Me voyyy, hoy me voooooooy" ellas solo sonreían y decían que estaban felices por mi. Se sintió un poco extraño volverme a poner un pañuelo en la cabeza, es como que usar eso o no tener cabello automáticamente te etiqueta como una persona con cáncer. Los primeros segundos mirándome en el espejo me sentí extraña, luego sonreí y me dije a mi misma *No se ve tan mal* 
Se siente un gran alivio estar en casa. Aunque estoy en la habitación se siente bien saber que mi familia está ahí afuera, cerca de mi. Cuando salí del hospital y me subí al taxi, mientras recorríamos las calles veía a todas esas personas caminando afuera, libres. Pensaba en lo afortunados que todos ellos son y ni siquiera lo saben. Los envidiaba bastante. Tengo que regresar al hospital en 2 semanas y ya estoy mentalizándome para aguantar porque por lo que sé, será una estadía igual o más larga. No me gusta estar en el hospital porque mis días son todos iguales, si me preguntan sobre algo de los días anteriores no puedo estar segura sobre si sucedió 2 días atrás o en la misma semana o el día anterior. Siento como que lo único que hago cada día es tratar de terminarlo a salvo. Mi vida se convirtió en un constante: "Estoy bien, no tengo fiebre, no me duele esto, no tengo molestia en la garganta, he orinado tantas veces" y si esas son las respuestas entonces ha sido un buen día. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Cómo me siento?

Entre las palabras de apoyo de mis conocidos e incluso las de otras personas que leen mi blog, está la frase: "No puedo imaginar como te debes sentir", y pensé que sería una buena idea tratar de explicar cómo me siento porque esta vez fue totalmente distinta a la anterior. 
Llevo 18 días encerrada en el mismo hospital, en la misma habitación, en la misma cama y tengo entendido que pasaré una semana más aquí, pero estoy tranquila, sé que lo puedo soportar. 
Ha sido todo un proceso poder recuperar mi estado de ánimo normal. Siempre fui una persona muy alegre, sonriendo mucho y haciendo bromas, pero desde que me dijeron que tengo una recaída, después del colapso en la sala de mi casa, yo simplemente no podía dejar de llorar. Las lágrimas salían solas y no intentaba contenerlas, ya no me importaba que me vieran llorar, es más, yo quería que me vieran llorar. Quería que todos vieran que estaba sufriendo. No se puede ser fuerte todo el tiempo. No es sano. Yo necesitaba llorar. No quería que me dijeran que debería estar agradecida porque, aunque con mucho esfuerzo, mis padres podían pagar mi tratamiento, no aguantaba que me dijeran que debería darle gracias a Dios porque sucedió ahora y no posteriormente cuando las cosas podrían verse mucho más serias. ¿Qué tenía que agradecerle? ¿Estar en una cama de hospital a los 20 años cuando podía estar haciendo cualquier otra cosa? ¿Agradecer que tengo que retrasarme en la universidad y que ya no llegaré a ir al hospital con mis amigos ni me graduaré con ellos cuando seamos médicos? ¿Agradecer que el resto de las personas vive una vida normal y yo tendré que pasar por el infierno otra vez? ¿Eso es lo que querían que yo agradeciera?. Sí, estaba enojada. Dicen que las adversidades lo apegan a uno más a Dios pero conmigo sucede lo contrario. Me crié en una familia católica y es un poco difícil escribir estas cosas pero es mi verdad y es como me siento. 
Pasé muchos días así, no sonreía, no me levantaba de la cama, no hablaba con nadie o lo hacía muy poco. Veía la cara de preocupación de las personas a mi alrededor pero de todos modos no intenté arreglarlo. Supongo que estar debilitada por las quimioterapias influyó en que mi estado de ánimo no pudiera mejorar rápido, y caí en un estado de depresión del que no quería salir. No quería luchar contra eso, solo quería que me dejaran llorar, me sentía miserable. 
Traté mal a algunas personas, incluso a mi doctora. Luego, mandaron a un psicólogo para que hablara conmigo. Cuando llegó el doctor, al que ni siquiera le presté atención a su nombre, se sentó y hablamos. Abrí la boca y empecé a llorar. Trataba de respirar pero hablar y llorar es muy difícil. Al final le dije como me sentía. Le dije la verdad. Le dije que sentía que esto era una pesadilla de la que no podía despertar, pero que cada vez se volvía más real y real. Le dije que sentía que todo lo que ya pasé desde el 2012 no había servido para nada, que todo el sufrimiento había sido en vano porque de todos modos estoy enferma otra vez. Le dije que sentía que estaba desperdiciando mi vida porque ahora debía estar encerrada aquí, por quien sabe cuánto tiempo. Él me escuchó, dijo que yo era una "ganadora" y me pareció comiquísimo, no sé como me aguanté las ganas de reír,  dijo más cosas pero esas me las voy a reservar. Le dije que me parecía exagerada la reacción de todos, que yo sabía que iba a salir de esto y que sabía que no iba a morir. Le dije también, que necesitaba llorar y que ya había hablado con mi mamá sobre eso. Finalmente, le dije que sabía que esta actitud iba a mejorar muy pronto y que solo necesitaba un poco más de tiempo para aceptarlo. No he vuelto a ver al doctor. 
Pensé en las razones por las que estaba tan deprimida y encontré demasiadas. Lo que más me duele de todo esto es tener que retirarme de la universidad por un semestre o no sé si sea por más tiempo. Tengo un grupo de amigos con los que empecé la carrera y me gustaría terminarla con ellos, e ir al hospital juntos, pero eso ya no se dará. Puede que suene un poco tonto, pero estaba estudiando muy duro porque quería quedar entre los mejores promedios de este ciclo, pero no se dará. Quería sacar la licencia de conducir en estas vacaciones para robarme el carro y dejar de coger la metro, epero no se dará. Estaba haciendo ejercicio porque quería irme de vacaciones a la playa, ponerme un bikini y sentirme cómoda. Quería pedirle al Dr. Mena que me dejara ser su ayudante de cátedra una vez que haya terminado el ciclo porque me encanta farmacología práctica, pero no se dará. Tenía muchos planes. Tenía muchas cosas que quería hacer y ninguna de estas se dará. Otra cosa fue que yo estaba muy feliz, mi cara se había deshinchado bastante, estaba recuperando el peso que siempre he tenido, mi cabello estaba lindo, rizado y largo. Ya me había acostumbrado a una vida normal y todo lo que una vez pasé, me parecía como un mal sueño, algo que no iba a volver a pasarme, algo que pronto olvidaría, pero volvió. 
Con respecto a Dios, hay algo que sí entendí. Y es que soy alguien bendecida, ahora me atiendo en SOLCA y he visto muchas cosas. La cara de desesperación de las personas porque les falta $22 para comprar algo. Las salas de espera, llenas de personas que se ven debilitadas y deben esperar horas hasta que les llegue su turno, en cambio a mi no me falta nada. Lucho por conservar mi fe porque siempre he creído en que uno debe aferrarse a algo más grande que nosotros pero es difícil. Tal vez Dios no se enoje tanto conmigo al ver que por lo menos lo intento.