sábado, 13 de junio de 2015

Tercer aniversario

Un día como hoy pero hace tres años empecé mis quimioterapias. Recuerdo que estaba ansiosa pero no asustada, quería que empiecen lo más pronto posible para que acaben lo más pronto posible. Recuerdo despedirme de mi mamá de lejos porque tenía gripe y yo corría el riesgo de contagiarme, pero Ana estaba ahí, ella siempre estaba ahí. 
La licenciada llegó con un pequeño suero transparente y lo conectó a la máquina y yo pensé -"¿Eso es todo? Ah... sí, eso es todo" pasaron un par de horas y mi estómago empezó a protestar, sentía bombardeos en la zona donde había estado el tumor. -"Ana, me duele" la enfermera puso otra medicina más y pasó. No quería ir a dormir, pensaba en como mi vida había cambiado tan rápido, en un abrir y cerrar de ojos me habían dicho que tenía cáncer y que tenían que operarme y lo peor, que tenía que volver a quimioterapias. Pensaba en lo que sería de mi desde ese momento en adelante, pensaba que no quería dejar el colegio y pensaba que no quería ser una molestia para mi familia. 
Sufrí en silencio por un par de meses, lloraba cuando estaba sola en la habitación bueno, no solo lloraba... A veces gritaba. No lo hacía porque estuviese sola sino porque necesitaba desahogarme, sonreír y contestar "Estoy bien, no se preocupe" para evitar que las personas que amo sufrieran más de lo que ya estaban sufriendo me dejaba un poco exhausta. 
Pasé por muchas cosas en tres años, pero muy pocas veces pensé que algo malo podría sucederme, siempre supe que me curaría y que para eso debía mantenerme fuerte y ser muy, muy, muy paciente porque me esperaba un largo camino por recorrer. Pasé por un período de aislamiento total de casi 5 meses, veía a mi papá o a mi familia detrás de la ventana, mis utensilios eran hervidos, mi comida llegaba totalmente cubierta, mi ropa era planchada. Mi mamá, mi hermana, doña Nacho y yo cuidábamos que no hubiese riesgo de alguna infección (la mayoría sucedieron en el hospital). 
El tiempo pasó muy rápido, tres años se fueron volando. Prácticamente soy una persona sana, todo lo que pasé, todo por lo que hice pasar a mi familia es cosa del pasado. Y estoy agradecida, agradecida por tener una familia maravillosa que cuidó y cuida de mi en todo momento. 
Ahora estoy tratando de crear hábitos de ejercicio diario, tratar de alimentarme correctamente, tomar suficiente agua. Estoy en mi segundo año de medicina y cada vez me enamoro más de la carrera.
Me queda un año más de tratamiento, tal vez para mis 21 podré ser una mujer libre.  Tal vez para esa edad todo haya cambiando nuevamente. Eso es lo hermoso y trágico de la vida, es impredecible y me encanta. 

domingo, 15 de febrero de 2015

Día de la lucha contra el cáncer infantil: Flashback

Hoy 15 de febrero, después de una ofuscante celebración de San Valentín, se celebra el día mundial de la lucha contra el cáncer infantil. Resulta que esta fecha es especial para mi, debido a que yo también luché contra aquello cuando era pequeña. Me gustaría que este día fuese como san Valentín, las personas llenando de detalles a los niños en los hospitales, de que se hiciera tan popular como la otra fecha. El amor y la lucha van de la mano ¿verdad? ¿Por qué la fiesta no se puede extender un día más? 
Aunque hace casi un año vi en el resultado de mi biopsia "Médula libre de neoplasia" (libre de cáncer) por lo que pasé a una fase de remisión, no me dan el tan anhelado: -"Andrea Carolina, estas en remisión total. Estas totalmente curada" sigo tomando medicación, sigo poniéndome quimioterapia intravenosa una vez cada tres meses, sigo asistiendo a la universidad a pesar de las rabietas de mi doctora. 
Hay una parte de mi vida que no puedo olvidar y que me enseñó que cada vez que me caiga puedo levantarme y que si no puedo levantarme puedo arrastrarme hacia donde quiera ir. Creo que ese gran acontecimiento me hizo darme cuenta de que soy todo lo que quiero ser, porque puedo serlo. Ya había mencionado que una vez perdí la movilidad en mis piernas, ahora lo escribiré con mayor detalle. El orden de la medicación, es realmente importante. Después de recibir una dosis de quimioterapia intratecal o Intravenosa (no recuerdo muy bien) debo tomar, estrictamente  unas pastillas. No las tenía en ese momento así que no las tomé. Al siguiente día cuando intenté levantarme de la cama, me caí. Mis piernas no estaban funcionando, no recuerdo si sentía dolor, sólo recuerdo haber gritado llamando a mi mamá. Lo siguiente que recuerdo es estar en un consultorio donde una doctora haría punciones en mis piernas, tenía terror, pedí que llamarán a un anestesista, de verdad estaba tan asustada de esas agujas y aún no entiendo por qué. Recuerdo que dijo "¿Recuerdas como los bebés aprender a caminar? Primero gatean... Eso es lo que harás, vas a tener que aprender a caminar Carolina". Así fue como empecé a arrastrarme, a gatear, mi papá me enseñó a bajar las escaleras yendo de espaldas, agarrándome de cada peldaño para no caer. Empecé a hacer rehabilitación con electrodos para no perder la tonicidad de mis músculos, eso era lo mejor. Se sentía un hormigueo y veía como se contraían mis músculos. No me importaba arrastrarme, si esa era la manera de llegar donde quería, estaba bien. No recuerdo cuanto tiempo fui a rehabilitación. Sólo sé que recuperé la movilidad en las piernas y que puedo caminar ahora, pero no es sólo la experiencia física la que cuenta, es lo que eso simbolizó. En lugar de preguntarme por qué me estaba sucediendo eso a mi, precisamente a mi, me adapté. Fui a rehabilitación, aprendí de nuevo, di mis nuevos primeros pasos sola. 
La vida es hermosa, si tan sólo las personas se dieran cuenta de que en cada día, de que en cada experiencia hay una enseñanza. De que vivir es más que respirar, tal vez no hubiese tanta gente deprimida. De que somos capaces de ser felices con lo que realmente importa: familia, amor, salud. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Las cicatrices son historias que contar

Como siempre, cuando tengo que estudiar es el momento en el que me viene la mejor inspiración. Toda excusa es buena para matar el tiempo. 
Últimamente he estado pensando en mi, ya no desde el punto psicológico, más bien del físico. Hubo un tiempo en el que me sentía insegura sobre mi apariencia, algo que es bastante normal en adolescentes y postadolescentes, y es a mi inseguridad y a ese deseo de estar delgada y "bella", al que le atribuyo en un alto porcentaje, el haberme enfermado. El hecho de saltarme las comidas o no comer vegetales ni frutas adecuadamente no es de lo que quiero escribir, sino de las cicatrices que me ha dejado esta guerra, ya que por un tiempo me hicieron dudar de si algún día alguien se fijaría en mi, sin importarle mis "imperfecciones" (creo que todos hemos tenido pensamientos como estos en algún momento.) 
En conversaciones he escuchado términos como "esas asquerosas, horribles, desagradables, feas cicatrices" no a las mías, pero si en general. Directamente he recibido comentarios como "¿No has pensado comprar tal crema para que se te borre la cicatriz?" Y la verdad es que no, ni pienso hacerlo. No pienso tratar de borrar algo que es la prueba de mi historia, algo que me recordará el resto de mi vida que atravesé el Averno y salí de ahí; de que no me rendí, de que aunque pasé por cosas muy duras pude resistir. Yo siempre he pensado que las cicatrices son historias que contar, siempre habrá alguien que pregunte "¿Por qué tienes esa cicatriz?" Y yo siempre estaré dispuesta a responder. La cicatriz que tengo en el pecho por la colocación del implantofix, es la que me gusta más, me parece sexy, me encantaba que se notara con el traje de baño. Al principio me costó un poco acostumbrarme a ella, pero ahora me he dado cuenta de que me encantan mis cicatrices. No me importa si a alguien le parecen feas, lo que importa es como yo las vea, y para mi son hermosas. 
Debido a los actuales estándares de belleza, muchos hombres no aprecian el valor de una cicatriz, las aborrecen, les parece desagradable que una mujer esté marcada por la vida, cosa que es un grave error porque podrían estarse perdiendo de escuchar la mejor historia de sus vidas. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Recuerdos

Aprovechando que he decidido tomarme unas horas de la mañana para descansar antes de empezar mi día de estudios, haré lo que más me gusta: Escribir. 
No he escrito hace mucho tiempo y la verdad es que ya me hacía falta, mi vida se ha vuelto más normal porque ya no tengo que ir al hospital tan seguido, sólo debo tomar pastillas diarias pero creo que ya me he acostumbrado a eso y para mi no es ningún problema. En mis vacaciones la he pasado muy bien, he disfrutado y me he olvidado por un rato de todo. Se siente tan bien dejar la rutina, aunque sea por un par de semanas. 
Han pasado muchas cosas interesantes esta semana, he empezado la universidad nuevamente, me he encontrado con muchos de mis amigos en el curso en el que estoy pero mi horario es demasiado cansado, 43veces a la semana debo estar desde antes de las 7:00 AM hasta más de las 8:30 PM. Al terminar esta semana he sentido que ya llevo muchísimo tiempo en clases, ha sido cansadísimo. Pero he decidido hacer mi mejor esfuerzo, no es cuestión de ser el mejor sino de dar lo mejor y a veces eso da recompensas y terminas entre los mejores promedios de tu ciclo *como me pasó* :) 
Las clases son muy interesantes, bioquímica me encanta la cátedra del doctor con el que he escogido, neuroanatomía es estresante, el doctor está sentado en el escritorio a las 6:30 AM (no sé si antes porque no he llegado antes de esa hora), se pone una silla adelante y él llama según su lista a una persona para que le hable del tema que él le pregunta, aunque no es una persona de apariencia intimidante, su edad y su sabiduría lo son. Aún no he sido una de los afortunados en salir adelante pero espero no quedar en vergüenza en el momento que hhlo haga, para eso estudio muchísimo. La verdad neuroanatomía no es algo que me emocione demasiado, pero es algo que debo dominar. 
Ya ha transcurrido otra semana de clases y he hablado con uno de mis nuevos amiguitos sobre mi enfermedad, siempre olvido que los demás no están tan relacionados con la palabra "cáncer" como yo, y para ellos es muy chocante cuando se enteran de que yo, que me veo tan normal, esté pasando por algo así cuando ellos jamas se lo hubiesen imaginado gracias a  mi aspecto, hablar con él me hizo recordar muchas cosas que enfrenté y que no he escrito. Así que compartiré un par hoy.
Recuerdo claramente, era octubre del 2012 había empezado una fase de consolidación de quimioterapias (las mas duras del periodo) mis defensas habían caído dramáticamente y estaba muy vulnerable. Cuando era hora de canalizarme la vía (pinchando en el implantofix ) la licenciada se equivocó así que saco la aguja y volvió a pincharme y antes de que yo pudiera decir "¡NO!" la aguja ya estaba adentro, yo sabía que iba suceder, sabía que eso me provocaría una infección, pero tenía fe.... tal vez Dios no dejaría que suceda, tal vez tendría suerte y tal vez, solo tal vez, yo terminaría esa sesión y podría regresar a mi casa por un par de días antes de empezar la siguiente semana de quimios en el hospital, pero no... al siguiente día, me sentía tibia, pies y manos helados y me venían pequeños escalofrios. Ya sabia que significaba eso, pero seguía con fe, tal vez la quimioterapia estaba reaccionando de esa manera, jaja siempre tratando de ser positiva jaja. La temperatura empezó a subir muy rápido y llegaron los laboristas, uno tras otro a sacar sangre y mas sangre, imágenes, tomografias, rayos X y todos los exámenes posibles para saber qué había sucedido. Al final era una bacteria en mi implante. como estaba tan sensible, los síntomas no fueron muy suaves. Mis fiebres subían a 39,5 ºC, escalofrios y yo no tenia fuerzas ni para ir al baño, aguantaba lo más posible, mi hermana me daba de comer porque no podía levantar mis brazos, y las nauseas, ay no, las nauseas. Así fue como pasé un par días, empezaron a controlar mis fiebres, mi doctora dijo que después de pasar 48 horas sin fiebre, tendría que pasar 3 días más con antibioticos y que después podría irme a casa. Así que cada vez que mi fiebre se quitaba, yo empezaba a contar las horas... 8 horas, 12 horas, 15, ¡que felicidad! Hasta que en la madrugada solo escuchaba una voz que me decía "Andreita, chiquita tienes fiebre otra vez, tengo que llamar a la doctora, ya te traigo hielo... esperame" Que frustración, tenía que empezar a contar las horas otra vez, eso como mínimo significaban 4 días mas en ese hospital. Ya tenía 10 días ahí, y empecé a deprimirme, estaba cansada, ya no quería estar así, quería que todo acabara... Sentía que la vida se me estaba yendo.  ¿Por qué tenía que ser yo la niña enferma?¿Por qué no podía estar en el colegio con mis amigos? ¿Por qué estaba desperdiciando mi adolescencia en un hospital? Hay una sola  respuesta y es muy simple: Porque quiero vivir.
Mi prima Marisol fue uno de esos días a visitarme, hizo que me levantara, que caminara un poco, me habló y me hizo compañía, ella me dio un poco de la fuerza que me faltaba para seguir y así lo hice. Empecé a mejorar y salí del hospital en 5 días más :). Lo que aprendí de esto, es que la compañía de las personas que amamos, en momentos como estos son de mucha importancia.. Yo lo veo así: Las personas a nuestro al rededor son como pilares, cuando resbalamos y no tenemos fuerza para levantarnos solos, nos apoyamos en ellos, y así es un poco más fácil. Un poco de tu tiempo, tu compañía podría darle la fuerza necesaria a alguien para levantarse cuando está hundiendose en la depresión... ahora si, a estudiar neuro porque tengo que aprovechar el tiempo jajaj espero encontrar otro momento para escribir :) pero antes, debo admitir que me encanta decir que estos son solo recuerdos.

viernes, 18 de julio de 2014

Sobreviviendo

He ido a una de mis infinitas citas periódicas con mi hematologa favorita (la doctora Ramírez), y me ha dado un par de noticias muy buenas :D. La primera: Ya me dieron una fecha aproximada para el trasplante de médula. Yo sabía que eventualmente tendría que someterme a este procedimiento, pero cuando uno no sabe exactamente cuando sucederá, lo ve tan lejos que no lo siente como algo tan relevante. Estaba mentalizándome para que lo realicen el próximo año, en algún mes, en algún día desconocido, pero resulta que será en aproximadamente cuatro meses....¡¿QUÉÉÉÉ?!. Así que me toca prepararme psicológicamente para esto un poquito más rápido de lo previsto.
El trasplante *suspira hondamente*, el trasplante me asusta, me aterroriza. Sé que todos le tenemos miedo a lo que no conocemos, y por más que he leído como lo realizan, sé bien que no tiene ni punto de comparación con lo que en realidad me sucederá, con todo lo que podría sentir, mejor dicho, con todo lo que voy a sentir. Todos dicen que debo estar tranquila, que todo estará bien y lo sé. En serio. Estoy segura de que nada saldrá mal, pero... ¿y las miles de preguntas que atormentan a mi cabecita loca? ¿Cómo me las respondo?. Muchas cosas me pasan por la mente, y sé que no debería atormentarme con cosas como esas, pero, ¿qué puedo hacer?. Entre las más frecuentes siempre está: ¿Qué tal será la comida en ese hospital? o  pensamientos como: "Rayos, costó mucho que mi cabello crezca hasta este tamaño, tendré que volver a la calva sexy", pero la pregunta más importante es ¿podré continuar estudiando medicina después de esto?.
Después del trasplante, volveré al cautiverio por un tiempo, a cuidarme excesivamente para evitar infecciones y tardaré un poco en volverme a adaptar al mundo exterior. Sé que estaré cansada, vulnerable, y que tendré que tomar inmunosupresores por el resto de mi vida para evitar que mi cuerpo rechace el injerto, estoy segura que las infecciones me tendrán como un blanco fácil y que esto tal vez ponga mi vida en riesgo... *suspira* ¿Debería buscar otra cosa que pueda hacer? ¿Debería desistir? ¿Qué debería hacer?.

He escrito la primera parte el día que me dijeron lo del trasplante. Ha pasado una semana y he seguido atormentadome con lo mismo, pero esta vez he decidido que viviré mi momento. Ahora soy una estudiante de medicina, trataré de disfrutarlo, más bien, lo estoy haciendo. Algunas materias se me hacen difíciles, no soy excelente pero creo que no me va tan mal. He decidido que pensaré en mi futuro en su momento. Así que no me preocuparé por eso ahora. Como me dijo mi profesor de anatomía "No te rindas" y no lo haré. Rendirse no es parte de mi vocabulario, no soy de esas. *pero si que está siendo difícil*.

He estado escribiendo esta publicación poco a poco por mi falta de tiempo. Han pasado dos semanas desde que escribí el último párrafo. Del  7 al 12 tuve exámenes del primer parcial en la universidad. Me fue relativamente bien excepto en anatomía teórica. Espero lo peor jaja. He estado en lo correcto al esperar lo peor, según mis cálculos matemáticos me fue un 6,40/10 en el total de Anatomía, ahora me va a tocar esforzarme más para hacerlo bien, pero en serio que se me hace muy difícil, y no entiendo bien, creo que tanta quimioterapia terminó tostándome el cerebro. No puedo imaginar agh, he optado por estudiar todos los días pero igual, no es suficiente y es frustrante sentirme tonta. No puedo hacer más que seguir insistiendo en esto. El agua puede romper una roca por su constancia ¿verdad? Sé que de alguna u otra forma terminaré aprendiendo anatomía, tengo que. Resulta que mis promedios quedaron bastante bien, y me siento bastante feliz porque todos dijeron que el primer parcial iba a ser el más difícil y sobreviví :D, ahora espero sobrevivir a anatomía. 

Hoy Julito, un señor que conocí en la pastoral me ha dicho que debo ser una "Kung Fu Panda". Ser una Kung Fu Panda significa ser estudiosa, buena gente con los demás y más que todo tener ese deseo de servir. Que a pesar de que todo se vuelva difícil, mantener esa voluntad de seguir en el camino, que pueda soportar y dar lo mejor de mi. De eso se trata querer ser médico, de la predisposición de servir al prójimo, a ser sensibles hacia su dolor. He escuchado de alguien que quiere ser médico porque los médicos ganan mucho dinero. y me dije a mi misma ¿Qué clase de médico llegará a ser este chico? Espero que en el camino cambie de ideas.   
Como siempre me han gustado las frases celebres, aquí hay una de las que más me gustan

"¿Por qué contentarse con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar? - Hellen Keller. 

lunes, 16 de junio de 2014

Segundo aniversario

He aprovechado este tiempo en el cubículo "A" de la unidad de quimioterapias para escribir un poco. Junio es el mes de mi aniversario, acabo de cumplir dos años en tratamiento (13 de junio). Me emociona darme cuenta de que he soportado bien, de que no me he rendido y que cada día falta menos para terminarlo de una vez. Dos años en tratamiento representan muchas horas de dolor, de lágrimas, frustración y angustia, pero también representan perseverancia, fe, amor incondicional, amistad, fuerza y paciencia. Aún no puedo asimilar que ya hayan pasado 24 meses desde que toda esta historia comenzó y no puedo creer que esté a unos cuantos meses más de cerrar este capítulo de mi vida, que espero sea para siempre. 
No he podido seguir escribiendo porque la universidad consume la mayoría de mi tiempo, llevo un mes siendo una alumna más de la hermosa y dura carrera de medicina. Hago mi mejor esfuerzo, pero creo que no es suficiente, mi cuerpo no soporta tanto como el de los demás y no puedo desvelarme noches enteras para estudiar, trato de aprovechar el día estudiando todo lo que puedo y así descansar de 1:30am a 6am. Todos dicen que no debo esforzarme tanto, que el estrés es perjudicial para mi, pero estudiar medicina lo demanda. Mis compañeros en la universidad no saben que sigo en tratamiento, y no quiero que lo sepan. No porque me avergüence ni mucho menos, pero prefiero que sea así. Mi enfermedad no me define y es algo irrelevante que no necesitan saber de mi. He conocido muchísimas personas en la universidad, me hace pensar que es como una selva. La diversidad de las personas es increíble y uno encuentra de todo. He conocido personas bastante agradables con las que me gustaría tener una buena amistad. *Wow, ya son dos años* 
He pensado mucho en las relaciones entre los humanos, nosotros a veces pretendemos saber sobre todo lo que nos rodea y suponemos cosas sin saber lo que esa persona esconde detrás de su rostro. A veces me pregunto que pensaran las personas de mi y luego me digo a mi misma "Carolina, como si eso de verdad te importara" y se me pasa. Lo que si me importa es cuando los demás dicen cosas que no deberían, cuando son groseros conmigo o los demás. No puedo evitar decir lo primero que pienso, y creo que eso no les parece muy agradable a los demás... 
Disfruto las clases de práctica de embriología, anatomía, biología e histología pero cuando llega anatomía teórica, voy encrispada a cada clase jaja aún no le cojo el tino para estudiar la teoría, se me hace más fácil la práctica. Espero poder resistir, ya resistí cosas peores, puedo con esto ¿verdad?. Siempre pienso en que si otras personas han podido, por qué yo no podría. Será difícil, está siendo difícil *vaya que difícil* a veces siento que quiero dejarlo todo y salir corriendo, que quiero llorar porque no capto rápido como los demás, porque me frustro de haber perdido puntos en lecciones por no fijarme en ciertas cosas, sabiendo las respuestas correctas, porque me estresa tener que leer capítulos de 40 páginas cada uno cuando me demoro 1 hora por cada 6 páginas intentando descifrar y entender lo que Latarjet trata de decirme y no poder hacerlo del todo. Nada de eso importa porque lo he decidido, esto es lo que quiero, sé que vale la pena. Sé bien que las cosas que te cuestan mayor esfuerzo son las que te traen mayor satisfacción. Y medicina es eso, esfuerzo. "Medicina no es una carrera de velocidad sino de resistencia" como dicen los de la Asociación de medicina de la UCSG, y tienen razón. Tengo que resistir, puedo resistir. *He terminado de escribir mientras estudio laringe, porque si no me distraigo un poco terminaré bloqueada*
                       
  Día de quimioterapias 01/06/2014                 Clases en la UCSG/ Brayan :)


                              
         Clases en la UCSG/ Carlos :3                                   medicoblasto & seudoabogada      





                                                                                                 
                                                                                                 


sábado, 26 de abril de 2014

Sintiéndome un poco "normal"

En mis ratos libres (que cada vez son menos) me he puesto a pensar y tratar de comparar mis dos experiencias siendo una paciente "inmunodeprimida". He estado haciéndome la misma pregunta una y otra vez: "Ahora que he tenido leucemia de niña y una vez más siendo grande ¿Cuál considero que ha sido la vez menos agradable?". Aún no puedo responderla con total seguridad, ya que ninguna de las dos ha sido una maravilla jaja, en ambas encuentro cosas que quisiera olvidar y decir que no han sido más que una pesadilla, pero hay otras que resultaron ser muy buenas, son enseñanzas que me han hecho crecer como persona, podrían llamarse buenos momentos. Los malos, aunque abundaron, trato de que queden fuera de mi mente, pero son necios, no quieren dejarme.
Considero que ha sido un poco más difícil ahora porque lo estoy viviendo y todo está fresco en mi mente mientras que lo que pasó en el pasado, no es mas que eso, algo que pasó en el pasado. Es un recuerdo, que a medida que pasa el tiempo se va desvaneciendo de mi mente. He empezado a considerar muchas cosas que no tenía idea de pequeña, tengo que ser responsable de mi misma, de mi medicina. Me he vuelto una chica independiente, trato de que mis padres tengan menos preocupaciones de las que ya tienen por culpa de mi enfermedad. Como soy mayor de edad, ya puedo ingresarme sola a la clínica, así que el día que tengo que ingresarme simplemente me aparezco allá y le digo a la señorita -"Vengo por tratamiento" ella mira a todos lados y pregunta -"¿Y tu mami? Necesito a un adulto que firme  esto por ti" a lo que contesto -"Yo soy mi propio adulto responsable" Como ya llevo tanto tiempo aquí, ya saben el protocolo así que me entregan los papeles para que los firme y listo.
 Lo negativo de cuando eres grande es que sabes leer y que el internet está al alcance de tu mano, ya no eres un pequeño niño ignorante sobre tu situación, no, ahora eres un adulto que puede leer las posibles consecuencias y psicosearse un poco como me ha pasado. Grave error. 
Otra cosa que me he estado preguntando es ¿Cómo rayos asimile esta noticia tan "bien"? Tanto de niña como de post-puberta, no me sentí afligida, ni asustada, no sé si sea porque me acostumbré, por así decirlo, a la vida de enferma o esa es mi personalidad. No me he dado por vencida y sé que nunca lo haré, supongo que eso es lo que me ha mantenido viva. La mente es tan poderosa que si al momento de despertar decides ser feliz el resto del día, es seguro que así será. Y eso es lo que he tratado de hacer desde que empezó toda esta pesadilla. -Carolina todo va a estar bien, hay que soportar un poquito más.
He empezado a integrarme nuevamente en la sociedad, ahora como una universitaria. Aunque me han dado un descanso del tratamiento me siento consumida. No encuentro tiempo para escribir, así que dejo un momento de estudiar o dormir para hacerlo. Siento que poco a poco vuelvo a ser una persona normal y me asusta. Me asusta que sea tan fácil acostumbrarme  a lo bueno, a no sentir dolor diariamente. Me asusta el momento en el que tenga que regresar a mi vida de enferma, para realizar el trasplante y que me tome nuevamente un tiempo acostumbrarme a todo esto. Pero qué más da ¿verdad?. Ya lo hice un par de veces antes, lo puedo hacer un par de veces más, o las veces que sean necesarias. Siento que falta tan poco, tan poco para que este martirio termine.